miércoles, 6 de marzo de 2013

Capacidad de aprendizaje del perro


Aunque estemos lejos de encontrar una definición satisfactoria de inteligencia, es indudable que la capacidad de aprender del perro representa uno de los rasgos que nos permiten definirla. Los autores no se ponen de acuerdo acerca de esta definición: en la mayoría de los casos las palabras más utilizadas para describir la inteligencia serían capacidad de aprender, de elaborar pensamientos y resolver problemas.

Como animal inteligente, entonces, el perro es capaz de aprender y lo hace según unos esquemas que representan los pilares sobre el cual construimos el adiestramiento. Conocer la forma de aprender del perro, significa poseer las claves que nos abren las puertas de un correcto adiestramiento y de una correcta educación que, a su vez, nos permitirán construir los cimientos de una relación satisfactoria.




El ABC del comportamiento
Tres palabras pueden resumir el mecanismo de aprendizaje del perro: antecedentes, conducta y consecuencias.
Los anglosajones se refieren a estas palabras como “el ABC del comportamiento”, de las iniciales de las tres palabras en inglés: antecedent, behavior, consequence.
Se habla de antecedentes para indicar todos los eventos o estímulos que están presentes antes de que se produzca la conducta. Son muy importantes porque de ellos depende la conducta que se va a producir, deseada o no que sea.
La conducta es todo lo que el perro manifiesta en respuesta a este estímulo, mientras que las consecuencias representan todo lo que inmediatamente sigue esta conducta y representan un momento de gran importancia en el adiestramiento o en la corrección de una conducta indeseada. Controlando y modificando las consecuencias, comunicaremos al perro si el comportamiento que presenta en relación al estímulo es aceptable para nosotros o no.
Un ejemplo nos hará entender mejor.
Cuando alguien llega a casa (antecedente), el perro salta encima del invitado (comportamiento) y nosotros le decimos “no” y le tiramos. Aunque nos parezca que le estamos castigando, en realidad es posible que estemos reforzando el comportamiento, añadiendo excitación a la situación (consecuencia). Si actuamos bien en la consecuencia de la acción, seremos capaces de controlar que el perro no salte, premiándolo solo si las cuatro patas están en el suelo. Después de unas cuantas veces el perro aprenderá que el hecho de no saltar tiene una recompensa (consecuencia positiva) y no saltará para conseguirla.
Es muy importante que la recompensa (reforzador) siga inmediatamente la conducta deseada o, para decirlo en términos de adiestramiento, sea contingente. Si no se respeta la contingencia el animal no hará la necesaria asociación conducta-premio porque el premio llegará en cualquier momento, independientemente de lo que él haga.




Los pilares del aprendizaje
Los fenómenos del aprendizaje se basan fundamentalmente en dos principios, extensamente estudiados: el condicionamiento clásico y el condicionamiento operante.
A través de condicionamiento clásico el perro establece relación entre un estímulo que normalmente no tiene ninguna importancia para él (estímulo condicionado), con uno que sí que la tiene, un recurso como la comida o el juego (estímulo incondicionado). Esta capacidad del perro para asociar dos estímulos es la base de su aprendizaje natural: el perro aprende que si el propietario coge la correa, significa ir de paseo o que el ruido del plato indica comida, Sin embargo, podemos utilizar esta capacidad durante el adiestramiento de modificación de conducta para contracondicionar una conducta, es decir cambiar la percepción del perro hacia un estímulo cualquiera. Si un perro tiene miedo a las personas, por ejemplo a raíz de una mala experiencia (se ha sensibilizado o condicionado), gracias al contracondicionamiento puede revertir esta emoción hacia las personas aprendiendo que en su presencia solo pasan cosas agradables.    
El condicionamiento clásico es la base de la modificación de conductas indeseadas y depende de la capacidad innata del animal de aprender por asociación. Gracias a las técnicas basadas en este fenómeno, se puede enseñar al perro a vencer sus fobias o miedos y a revertir sus emociones desde la agresividad hacia comportamientos más sociables. El mismo adiestramiento con clicker, basado en el condicionamiento operante, debe pasar por una fase de asociación que el perro aprende entre el clic (reforzador condicionado) y el estímulo incondicionado representado por la comida.

El condicionamiento operante, como la misma palabra indica, implica una respuesta por parte del animal. No se trata de una asociación pasiva, como en el condicionamiento clásico, si no que el perro responde a una orden con una acción voluntaria. Este tipo de condicionamiento es la base del adestramiento e implica la aparición de conductas nuevas que se fijan en el animal gracias a los llamados “reforzadores” que no son nada más que consecuencias positivas a una determinada acción del animal.  
Si, en cambio, las consecuencias de una acción son negativas (castigo) o nulas (extinción), la conducta tenderá a desaparecer.
El problema es que en muchos casos reforzamos al perro de forma involuntaria: lo reñimos con voz suave así que el perro piensa que lo estamos elogiando, o le prestamos atención cuando está haciendo algo que no nos gusta cuando él lo hace exactamente para tener nuestra atención, positiva o negativa que sea. Una forma de reforzar al perro de forma involuntaria es la imagen común del propietario que se deja pasear por su perro: el perro tira de la correa y consigue ir donde quiere. La conducta de tirar la correa es reforzada por la consecuencia de la acción que es conseguir llegar al sitio deseado.


El perro aprende solo
A pesar de que conocemos tantas técnicas y tanta teoría sobre el aprendizaje, no debemos olvidar que el perro es perfectamente capaz de “arreglársela solo”. Si debemos enseñarle es porque debe aprender las reglas necesarias para vivir en un mundo humano al cual evidentemente no está preparado porque no es capaz de entenderlo del todo. Un perro no sabe porque no puede hacer sus necesidades en casa: simplemente lo aprende porque le enseñamos y no se pregunta nada más. Y así con muchos comportamientos que en otro entorno serían del todo naturales, como perseguir presas o ladrar.
Por esta razón, aunque no nos demos cuenta, él aprende los horarios y rutinas de la casa, los ruidos que anuncian algún acontecimiento, el momento de comer y reacciona a nuestro humor mirando nuestros gestos.
Prestar atención a todos estos eventos significa poder utilizarlos a nuestra ventaja y, en cambio, si no los controlamos, podrán establecerse asociaciones indeseadas que desembocarán en comportamientos no previsibles. Un ejemplo es la asociación que los perros con ansiedad por separación establecen entre las rutinas de salida del propietario y su sucesiva ausencia. En este caso una parte de la terapia es intentar romper esta asociación, cambiando los gestos y acontecimientos antes de la salida para que el perro no los reconozca y anticipe con una respuesta de ansiedad la salida del propietario.


Nunca es demasiado pronto
La capacidad del perro para aprender es innata. Nunca es pronto para empezar a enseñarle. Desde el momento en que llega a casa, el cachorro empieza a experimentar al azar, aprendiendo guiado por los resultados de lo que hace. Si tiene buenas consecuencias lo repetirá, si las consecuencias son malas o nulas la conducta desaparecerá. Después, según lo que consigue, fijará algunas conductas.  Sencillamente buscará lo que le conviene aprendiendo a ignorar lo que no tiene los resultados esperados.
El error frecuente de los propietarios es que, al ver al perro tan pequeño, le permiten hacer todo lo que quiere sin pensar que un día crecerá y querrá hacer lo mismo. Le dejamos mordernos las manos, subir al sofá, saltar encima de la gente, eliminar en casa, comer zapatos y calcetines, jugar con nuestras cosas sin discriminar con sus juguetes… Pensamos que la educación ya la aprenderán y olvidamos que ya están aprendiendo pero de la forma equivocada.






¿Sabemos qué queremos del perro?
Una cosa que debemos tener clara cuando queremos enseñar al perro es el criterio de adiestramiento. ¿Somos concientes de qué queremos enseñar al perro? Es importante tener las ideas claras para evitar confusión y que las sesiones sean llenas de órdenes diferentes que al final el perro no fija en su conducta. Un ejercicio a la vez, un criterio a la vez, hará que el perro aprenda con su ritmo y sin prisas.
En muchas ocasiones llegamos a la conclusión que nuestro perro no es especialmente “inteligente” porque parece que no nos escucha, que se cansa enseguida, no aprende los ejercicios que le enseñamos o es “vago”. Sin embargo casi nunca cuestionamos nuestra manera de enseñar al perro, nuestra forma de entenderlo y motivarlo de la forma correcta. Cada perro es diferente y, aunque pertenezca a una determinada raza, puede no tener todas las características que nosotros hemos imaginado al adquirirlo. Así como no cada niño será capaz de tocar el piano como Mozart, no cada perro podrá responder a nuestras intenciones y más si no sabemos comunicárselas de la forma correcta.
Por ejemplo, uno de los errores frecuentes en el adiestramiento con el clicker es no utilizar correctamente el “timing”. El “timing” representa la contingencia del estímulo reforzador condicionado, el “clic” con la acción que queremos enseñar al animal. Debemos utlizar el “clic” con mucha precisión: si queremos enseñar al perro a sentarse, el “clic” deberá presentarse cuando el perro está sentado y no cuando se levanta, si no la conducta que estamos condicionando será la de levantarse.
Entender al perro significa también respetar sus inclinaciones naturales y su temperamento. Cada animal es diferente, se motiva de forma diferente, se concentra un tiempo y luego se cansa.
Otro error es trabajar con el perro con sesiones demasiado largas que ponen a prueba la concentración mental del animal. Podemos trabajar n el animal hasta que notemos que su concentración baja. En este momento introduciremos una orden que libere al animal y podremos jugar antes de empezar de nuevo. La cosa importante es “encontrarle el punto” a cada perro, conocer sus puntos de fuerza y debilidades para trabajarlas y sacar lo mejor.
Evidentemente que podemos mejorar puntos débiles, pero con más trabajo y sin prisas, respetando los tiempos correctos que son diferentes por cada perro.




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